Muchos hábitos que los niños adquieren durante sus primeros años de vida parecen completamente normales. Sin embargo, cuando se prolongan más tiempo del recomendado, pueden alterar el crecimiento de los dientes, la mandíbula e incluso afectar a la respiración, el habla o la mordida.
En MIDSA Odontología, especialistas en odontopediatría y ortodoncia infantil en Valencia, vemos con frecuencia problemas que podrían haberse evitado con una detección precoz.
En este artículo te contamos cuáles son los hábitos orales más frecuentes, cuándo dejan de ser normales y qué puedes hacer para prevenir complicaciones futuras.
¿Qué son los malos hábitos orales?
Los malos hábitos orales son conductas repetitivas que afectan al correcto desarrollo de la boca y de las estructuras faciales.
Aunque muchos forman parte del desarrollo normal del niño, mantenerlos durante demasiado tiempo puede provocar alteraciones que después requieran tratamiento de ortodoncia.
Por eso es importante realizar revisiones periódicas con un odontopediatra, incluso aunque los dientes parezcan sanos.
1. Chuparse el dedo
Es probablemente el hábito más conocido.
Durante los primeros años de vida puede ser completamente normal, ya que proporciona seguridad y calma al bebé. Sin embargo, si continúa después de los 3-4 años, aumenta el riesgo de desarrollar:
- Mordida abierta.
- Dientes superiores hacia delante.
- Paladar estrecho.
- Alteraciones en la posición de la lengua.
- Problemas de pronunciación.
Cuanto antes desaparezca el hábito, mayores serán las posibilidades de que el crecimiento vuelva a la normalidad sin necesidad de tratamientos complejos.
2. Uso prolongado del chupete
El chupete puede ser un gran aliado durante los primeros meses, pero mantenerlo demasiado tiempo puede producir efectos similares al dedo.
Los especialistas recomiendan retirarlo progresivamente alrededor de los 2-3 años.
Su uso prolongado favorece:
- Mordida abierta.
- Alteraciones en la posición de los dientes.
- Cambios en el crecimiento del maxilar.
- Mayor necesidad de ortodoncia en el futuro.
3. Respirar por la boca
Muchos padres creen que respirar por la boca es simplemente una costumbre.
En realidad, suele ser la consecuencia de algún problema como:
- Alergias.
- Adenoides aumentadas.
- Obstrucción nasal.
- Desviación del tabique.
La respiración oral mantenida puede afectar al desarrollo facial y provocar:
- Paladar estrecho.
- Mordida cruzada.
- Cara más alargada.
- Ronquidos.
- Peor descanso nocturno.
Además, la boca permanece más seca, aumentando el riesgo de caries y gingivitis.
4. Empujar los dientes con la lengua
La llamada deglución atípica es más frecuente de lo que parece.
Durante la deglución, la lengua empuja los dientes hacia delante en lugar de apoyarse correctamente en el paladar.
Con el paso de los años puede producir:
- Separación entre los dientes.
- Mordida abierta.
- Recidiva tras una ortodoncia.
- Dificultades en algunos sonidos.
En muchos casos es necesario combinar ortodoncia con terapia miofuncional.
5. Morder objetos constantemente
Lápices, juguetes, uñas, mangas de la ropa o incluso el cuello de las camisetas.
Aunque parezca un gesto sin importancia, repetirlo continuamente puede provocar:
- Desgaste dental.
- Pequeñas fracturas.
- Sobrecarga mandibular.
- Alteraciones en la mordida.
Además, favorece la entrada de bacterias en la boca.
6. Morderse las uñas
La onicofagia es muy frecuente durante la infancia.
Además del riesgo de infecciones, puede ocasionar:
- Microfracturas dentales.
- Desgaste del esmalte.
- Tensión en la articulación temporomandibular (ATM).
- Alteraciones en la mordida si el hábito es intenso.
7. Dormir siempre con la boca abierta
Muchas veces pasa desapercibido.
Si tu hijo duerme con la boca abierta de forma habitual puede indicar problemas respiratorios que conviene valorar cuanto antes.
También es frecuente observar:
- Labios secos.
- Mal aliento.
- Sueño poco reparador.
- Mayor predisposición a caries.
¿Cómo saber si un hábito está afectando a la boca?
Algunas señales de alarma son:
- Los dientes empiezan a separarse.
- La mordida no encaja correctamente.
- El niño respira por la boca.
- Ronca con frecuencia.
- Habla con dificultad algunos sonidos.
- Mantiene hábitos más allá de los 3-4 años.
- Los dientes permanentes salen en posiciones anómalas.
Ante cualquiera de estos signos, es recomendable realizar una revisión.
¿Se pueden corregir estos problemas?
Sí. Cuanto antes se detecten, más sencillo suele ser el tratamiento.
En función de cada caso pueden recomendarse:
- Eliminación progresiva del hábito.
- Revisiones periódicas.
- Terapia miofuncional.
- Expansión del paladar.
- Ortodoncia interceptiva.
- Ortodoncia invisible infantil cuando esté indicada.
La prevención siempre resulta más sencilla que corregir alteraciones ya establecidas.
La importancia de las revisiones infantiles
Muchos problemas de mordida no producen dolor y pasan desapercibidos durante años.
Por eso, las revisiones periódicas permiten detectar alteraciones del crecimiento cuando todavía pueden corregirse de forma mucho más sencilla.
En MIDSA Odontología, en Valencia, acompañamos a los niños en cada etapa de su desarrollo para conseguir una sonrisa sana desde pequeños y evitar tratamientos más complejos en el futuro.
Conclusión
Hábitos como chuparse el dedo, usar el chupete durante demasiado tiempo, respirar por la boca o morder objetos pueden parecer inofensivos, pero cuando se mantienen pueden influir en el desarrollo de la boca y la posición de los dientes.
Detectarlos a tiempo y acudir a revisiones periódicas con un odontopediatra es la mejor forma de prevenir problemas futuros y favorecer un crecimiento saludable.



